noviembre 28, 2014

Chuck's danzantes

Los capturé sonriéndose. Él y sus labios gruesos de más fácil sonrisa; ella tímida, recta, radiante. Se tomaban las manos y el cuerpo como bailarines expertos. Imagino que nunca antes se vieron, que allí mismo iniciaron una relación que acabará en la cama de ancianos de su matrimonio de sesenta y cinco años. Él será el segundo en morir, apenas unas horas luego de ella, justamente la agonía sostenida de esas horas habría de matarlo, cuando ni el cáncer le produjo rasguño alguno. Antes de ella morir, le pedirá que recuerde este día en que yo los capturé con mi cámara analógica, bailando su juventud en dos baladas, allá por el íntimo y poético centro de Coyoacán. Hace tantos días que tomé una foto, ahora los busco cada semana, cada jueves quiero encontrar a mi pareja de danzantes, deseo verlos envejecer bailando. Hasta ahora no sé de ellos, pero en mi tiempo, no escatimaré en gastos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario