noviembre 28, 2014

Gerardo Ingeniero

Pensó que siendo Ingeniero la vida sería un regalo, es tal fácil resolver problemas, tan fácil construir, tan tan fácil proponer soluciones, lo ha pensado toda su vida. Pero yo que lo veo de lejos, me imagino que se olvida de la vida de verdad. No estoy seguro de entenderme a mi mismo, mucho menos a otro tipo que no soy yo. Sólo sé que soy poeta y que mi alma está a rebosar, a él lo veo solo y sin entender nada. Que triste hombre que acentúa en la soledad el poder de las ciencias y las tecnologías. Y a veces también pienso que me equivoco. ¿No parece más poeta aquel que se sabe sin poesía? Me aterra la soledad y a él, que le siente bien, pareciera ni siquiera rozarle. Y la ironía me cubre al entender que es más poeta un ingeniero que un poeta, pues parece más reflexivo que yo, más triste y solitario, mucho más intrínseco, nostálgico, parece un hombre caído con sonrisa y ojos a media asta. Un muerto que vive y trabaja y sonríe (a medias como ya dije). Admiro al poeta que nace sin serlo y que vive en desgracia de la falta de tildes y palabras que sellan el tratado de un poeta. Admiro al Gerardo que sin entender a las mujeres pareciera no desearlas. Yo tendrías que ser un hermético y vencerlo.

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