Inevitablemente se enamoró. Cuando por primera vez escuchó su voz quedó cautivada. Y se quedó con él. Lo siguió, lo buscó, lo esperó. Investigó cada lugar en que James saldría a cantar por la noche. Todos los bares de la ciudad parecían posibles y cercanos y todo ello junto parecía no causarle esfuerzo alguno. En el momento en que estaba sentada cerca de él, en alguna mesita contigua su guitarra y escuchaba su voz... Su voz absorbía toda la melancolía del mundo, la brutalidad de los borrachos, los gritos de las borrachas y los pésimos cánticos de los briagos de los bares. Con su vestido cómodo, holgado y fresco se sentaba donde él pudiera verla y sin darse cuenta dibujaba en el su cerveza fría contornos de hombres que siempre parecían él. Y en uno de sus silencios, cuando dejó la guitarra un segundo, tomó aire y un poco de agua, sin pensarlo se acercó. El silencio le mantuvo los ojos de James, extrañados, mirándola. Toda seria, toda ojos, toda alma le dijo a quemaropa. Yo toco el bajo. Y eso fue todo lo que dijo.
Nunca le pareció casualidad ver a esa chica cada vez. Él no se enamoró de primera intensión. Lo que sí, es que le agradaba verla cerca, sentía que era su amiga más intima, se imaginaba que era una amiga de la infancia que nunca se separó de él y que se enamoró de él y que nunca se permitiría admitirlo. Que tendría que ser él mismo quien le tomara la mano y la levantara de la silla en que siempre la veía sentada, en cada bar. Eso lo pensaba mucho antes de que Jimena le dijera aquella mentira de que sabía tocar el bajo. La primera mentira de una chica no siempre mata y quiebra. Pero le costó un tanto entender ese "no siempre". Su antigua chica resultó una completa idiota, así con su altisonancia. Pedante. Deshonesta. Zorra bien hecha y derecha. Por lo que Jimena nunca tuvo oportunidad. Hasta aquella noche en un bar que servía cervezas con chile y gomitas de mandarina, cuando le dijo que ella sabía tocar el bajo. "Déjame escucharte, yo he buscado un bajista desde hace seis meses!". A veces la primera mentira de un hombre tampoco mata y quiebra.


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