Blog mío pero lo comparto. Ilustración regular. Textos regulares. Mezcolanza. Aglutinaciones. Aglomerados. Todo lo anterior junto, y más de lo mismo por separado. No hay pierde.
diciembre 16, 2014
Marcelo Escapista
Literalmente un vividor de azotea. Un güerito gordo y simpático. Amable, interesado en hacer buenas migas con todo el mundo, dejando su rastro de peluche rubioblanco por donde se pueda. Marcelo, que vivió siempre un poco solo y un poco acompañado, desgajando palomas para la cena y tirándose a pierna suelta por los techos iluminados de asbesto o recubiertos de impermeabilizante rojo buscando hervirse la sangre al sol, tranquilizando a las pulgas con la radiación del astro y rascándose los bigotes en los filos de las esquinas, en las paredes un día fue rescatado. Alguien lo adoptó y con un cuidado de medio pelo lo volvió a poner en adopción. Ahora vive en casa de un hermano, se restriega en la mezclilla de quien cruza la puerta de su casa (de la casa de Marcelo, no de mi hermano), maulla de día y de noche exigiendo lo que por derecho viene a ser lo único que conoce: libertad. Si aparte de la libertad le amputaran los testículos la cosa cambiaría, dejaría de aullar (gatunamente) al sol y a la luna y sería más apacible (hormonalmente hablando). Pero nadie hasta la fecha lo ha hecho, lo que sí hicieron fue dejar una ventana abierta, un error de humanos. Pensé que no volvería a ver a Marcelo, pero me es grato anunciar que el minino ha vuelto. Me cuenta mi hermano que volvió y tocó la ventana, al abrirla para dejarlo pasar, el muy gato entró y se fue de lleno a dormir a su colchón. Es así como ahora valdría más llamarlo Marcelo Escapista. Le va muy bien. Probablemente en unos meses nazcan sus hijos en algún vientre gatuno, tan gordos, blanquirubios y simpáticos como él mismo.
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