octubre 12, 2014

Mariela Zafada

Superó las drogas. Tres veces. Bien, ese par de afirmaciones no pueden funcionar paralelamente. Intentó superar las drogas tres veces, ahora, la tercera, fue la única que ha perdurado. Desde los catorce años las toma, casi tiene dieciocho ahora. La vida no ha sido tan sencilla, pero nunca (y para nadie) lo es. Mariela tiene algo de loco, de discontinuo en la continuidad "normal" de las cosas, a veces se le vuelca la irrealidad encima y funciona distinto a otras chicas. Tiene las hormonas y toda esa jerga de adolescentes, como todos alguna vez; tiene la dislexia propia de un porcentaje de la población, muchos amigos que no lo son, muchas fiestas que resultan no serlo del todo, tiene dudas e ideas propias e impropias de la edad. Tuvo a la muerte de símbolo, la dejó también, ella no tiene la madre que ha necesitado, ni trabajo, ni la preparatoria terminada. Es una niña y es una mujer, es mucho de todo y es todo de algunos. Ahora no tiene novio, o eso dice, pero en realidad sí que lo tiene. Hace una semana se tiñó de azul el cabello, un azul brillante, irreal, fantástico, tan idílico como ella misma. La vida le ha sonreído, pero ella generalmente ha vuelto la cara, tal vez el azul sea su color de esperanza, todos tenemos uno. Noble como solo una chica de dieciocho años puede ser.

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